La proximidad del espacio permite al espectador crear atmósferas lúdicas contemplativas a través de la fisicalidad de un cuerpo expuesto –la desnudez del ser–, para convertirse en un vehículo poético, en la perspectiva inalcanzable de lo que nunca se imagina, es así en el constante cambio, de las diferentes lecturas en el infinito que representa el “Ser” con su entorno, con su semejante, con el cosmos.

Somos títeres de nuestro propio ser; cada sonrisa, cada mirada en el gesto de la exaltación natural… las líneas de los cuerpos en la pregunta larga sin respuesta de las emociones cambiantes del Ser que quiere estar y no saber cómo. Está en el profundo y maldito miedo de la pesadez a lo desconocido, al recuerdo de lo que éramos. Pedazos sólo quedarán de lo que alguna vez fuimos o se quiso ser, por lo que alguna vez se luchaba: “la lealtad y el amor”.